Quién sabe por qué hay veces que unos y otros elegimos
el choque estruendoso de las almas y los cuerpos enteros
que se violentan, sufren y amargan.
Los frutos de esas luchas creen otros conflictos
que animan a muchos a trabajar para una paz mayor.
Ojalá nos espere en otro lado,
y que las rosas,
si es que logramos tener una en nuestro corazón,
nos traigan una placentera confianza.
domingo, 17 de febrero de 2019
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