¿Existe un sentimiento que ronda momentos
que no fueron tan grandiosos como ese destello
que conservamos para enaltecer nuestro presente?
Al fin y al cabo uno se sostiene
sobre pilares estrictos y grandiosos de un pasado.
Sobre eso construye sus días, presentes y futuros.
No hay chance de vivir
en un rotunda de conexión con el presente;
tan solo tenemos acontecimientos míticos.
Por razones diversas y misteriosas
encarnan las fuentes primordiales de nuestro
estar en el mundo.
Y ese estar se desarrolla
gracias a las grandes fuerzas.
Ellas son el motivo de nuestras
atracciones y nuestros miedos.
¿Pero si la atracción y el miedo no son más
que los juegos que despliega el deseo
para jugar en un parque de una belleza desconcertante?
¿Y si lo dramático no fuera más que lo más intenso de la vida
que se presenta para que veamos un camino de paz
que no llega nunca pero que debemos buscar
como quien busca su comida
y después vuelve a sentir hambre?
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