viernes, 10 de abril de 2020

Una y treinta de la mañana, plena cuarentena

Por fin un tiempo de silencio, de paz. Una y treinta y cinco de la mañana, cielo estrellado, luna visible, fuerte, magnifica realmente, tiempo fresco por primera vez en el año, cansancio en parte, en parte tensión por la incertidumbre que han traído estos días. Por eso la necesidad de encontrar silencio se ha intensificado. Como también se intensificaron las necesidades de tener afectos cerca, visibles, reales; mi mujer, hijos. Padres, hermanos, amigos. Ellos empiezan a ser algo mucho más importante importante que las razones que se supone que han movilizado mi vida y que tienen que ver con cosas que hoy en día empiezan a ser bastante menos nítidas.

No hay comentarios:

A la hora de vivir

  Estuve en la casa de las afueras de la ciudad. Durante la noche, las gotas sobre el techo de chapa siempre me producen la felicidad que ce...