Apenas los remeros
se lanzaban por los canales,
subías a la terraza
para quedarte apoyado
en la baranda,
atento a sus piernas
y a los roces casuales.
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
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