Apenas los remeros
se lanzaban por los canales,
subías a la terraza
para quedarte apoyado
en la baranda,
atento a sus piernas
y a los roces casuales.
Cinco y doce de la mañana. Sentado en el living de mi casa, escucho un colectivo que hace sonar sus frenos, luego un auto con la música estr...
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