Veo una vez más esa playa. Por fin hemos podido sortear el problema del ingreso. El espacio anterior a la playa está privatizado; sin embargo lo hemos sorteado. El agua tiene turquesas y azules vibrantes. Comienzo a nadar. El cuerpo se suspende sobre el agua. Siento mis pies salir apenas del agua para golpear la superficie; mis brazadas me hacen avanzar cada vez más y mejor. Mi cuerpo se transforma en una piragua; puedo ver el fondo gracias a mis antiparras. Peces plateados, estilizados, unos, y otros más bien chatos, con forma de óvalo. Se acercan y después me parece que me observan a la distancia. Unas algas se mueven apenas en el piso. Veo arena blanca. La profundidad es escasa; eso me da una gran seguridad. Todo resulta como cuando estaba en mi bañadera de niño, pero más real.
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jueves, 15 de enero de 2026
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En mi bañadera
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