Sueños intensos. Creo entender después de tantos años, decenas de años, que mi mayor temor, con viene del hecho que mi pareja repita la historia de mi madre. Yo pensé que ella me quería, mi madre, pero luego descubrí que su amor era lábil, intermitente, impredecible, y sobre todo que su cuerpo estaba atrapado en sus deseos.
Me despierto. Quiero fijar esta comprensión que me llevó décadas alcanzar. Pero las imágenes se pierden. Prendo la luz. Tomo un poco de limón con agua y miro por la ventana. Amanece cuando bajo al living y busco el reloj: seis y cinco de la mañana. Decido que lo mejor es leer un libro de ensayos de Cootzee. Me pierdo en la vida de un poeta que luchó contra el apartheid y contra sus rigideces sin mayor éxito y por fin me duermo.
A partir de entonces, los sueños otra vez me agarran. Estoy de nuevo en el vaivén de un barco. Las olas bajan, suben, no paran.
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