Cuando estoy por caer, y caigo,
no me queda más remedio que
aguantar en el piso mientras
los buitres miran impávidos a un costado
(me toman como un compañero de juegos).
Y me digo: tengo que ser fuerte, tengo
que aguantar, y no me lo digo bien.
Pero por suerte las cosas tienden a pasar.
Siguen un curso que se modifica poco
con el tiempo, y lo poco que cambia
le lleva incontables días, y no hay nada
mágico en eso, ni poético, es real;
en conjunto se llama carácter.
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