Flotan las posibilidades energéticas en un sinfín de números que se intercalan en dosis bastante irregulares, allí donde árboles y el entorno alojan posibilidades y después las ofrecen a los que pasan. En ese ir, los que pasan reciben mensajes que los motivan de manera insospechada a formar vínculos, enlaces que, como vimos, parten del paisaje y pasan a los hombres.
Esos vínculos determinan el mundo; lo amoldan y él en nosotros echa raíces para que todo resulte derivado hacia el lugar donde funcionan las formas de dominación. Esas que provenientes de la energía -que en sí tiene voluntad de expansión- buscan siempre ir más allá, crecer. Abarcar entonces es la esencia del existir en la tierra porque fomenta el acercamiento al cielo, un punto misterioso y deseado que jamás será obtenido en tanto pertenece al enorme mundo de lo fantástico que crece en todo lo conocido.
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