Corro, hacia el fin de la ciudad, por una hilera de álamos, y pienso: se trata de un evento poético deslucido. Todo lo que antes me indicaba cierto estado lírico se ha corrido a un lugar todavía incierto. Después, se me ocurre que la tendencia inveterada de separar la realidad entre el bien y el mal se debe a la existencia de la dicotomía entre el dolor y el placer. Es algo obvio que recién ahora percibo. Lo extraño de estos días es que capto cosas obvias pero de una manera intraducible; eso me lleva pensar que es más profunda la mirada, pero enseguida me convenzo de que la valoración “profundo” no tiene fuerza. Porque en estos días pierde fuerza lo superlativo; así es, todo tiende a una relatividad que me resulta más cierta, no tan lucida sino más posible. Y eso me sosiega.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
No hay comentarios:
Publicar un comentario