Narra la escena el descanso de varios dioses que, debido al calor, han elegido dormir bajo un parral ciertamente hermoso; al
costado, algunas ninfas cantan y algunos faunos tocan sus instrumentos. Todo está
pintado en distintos tonos de sepias; algunos casi llegan a ser marrones y otros
azules. Tan amplia es la gama, que las nubes no alcanzan a destacarse encima. La impresión de quietud no es opresiva sino el letargo que tenemos
a veces, una tarde de verano, frente a un agua soñada que nos espera.
jueves, 27 de diciembre de 2012
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