Es de noche
ahora y los dioses se han callado. Las ramas de los árboles agitadas por un
viento inclemente es lo único que se escucha. Estamos frente a un paisaje
sacado de un cuento. Un cuento que alguna vez nos contaron muy cerca de la costa. Las
chicas se acercan a los chicos y, subidas a sus faldas, los besan una y otra
vez hasta que los chicos se convierten en semidioses capaces de servir a muchas
reinas al mismo tiempo, y poseídos corren en busca de los castillos donde se
alojan ciertas soberanas que guardan piedras preciosas en sus entrepiernas,
unas perfectamente afeitadas. Los chicos sueñan con tener esas joyas en su
boca, y gritan cuando corren.
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lunes, 17 de diciembre de 2012
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