La necesidad de estar un poco
más sereno cuando las anguilas
recorren la periferia donde
nadás etéreo
porque flotás como flotan
los camalotes que veías de chico
cuando ibas por el río
en ese barco que te parecía
tan pero tan grande
que era -en tu imaginación-
un pueblo entero flotante
bajo la luz de la luna
en un verano que se volvía
más y más caluroso
y que tu padre intentaba
paliar con una botella cerca;
cosa que alteraba los ánimos
de tu madre y así ibas según
recuerdas ahora de forma inexacta,
y sin embargo todo eso pasó alguna vez
según sabés.
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