Esto empieza por la cabeza
donde están las alucinaciones,
las partes no congraciadas con el reto
que uno debe cargar con amor.
Son luces de antepasados perdidos.
Arrancan por la sal
que se te pega a la piel y permanece.
Las palmeras y los eucaliptos estaban hermosos
la tarde en la que padecías todo tipo de fobias,
tocabas a su puerta, siendo que era un sinsentido
y lo sabías, pero no lo podías evitar
porque habías recibido un mandato.
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sábado, 29 de noviembre de 2014
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