La muerte de un plan
y las estructuras por venir
en el punto invisible
que es la transpiración cuando
todavía no se desenvuelve del todo
y apretada por la infancia
se relame en su propia cueva.
Así se siente el cuerpo
a veces por la madrugada
pesado y algo sucio
incapaz de ser lo que estaría destinado a ser
en una balsa donde la serenidad
y la libertad está contaminadas
por la idea de que uno es
un náufrago que está listo
para navegar todavía un poco más
y más, y más, en las alternancias
que tienen que tener -uno se repite-
las mareas.
¿Cuánto de uno hay en uno?
En cierto sentido nada,
porque la vigilia es perpetua
y las ganas de sobrellevar
las cosas tal como se han planteado
son bastante fuertes e inexactas.
Como es inexacto el recuerdo
de los hechos que te marcaron
a fuego.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Anuncian tormentas
Volvemos a San Martín de los Andes desde Villa Meliquina. El lugar me ha gustado. Mi hijo opina lo mismo mientras bordeamos de nuevo el la...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Entro a una catedral algo pesada, con retratos de hombres —obispos, cardenales— que consagraron su vida a ordenar a los hombres según cierto...
No hay comentarios:
Publicar un comentario