El pan de la mañana
que tomo para mí
es un hábito que debo valorar más en toda
su dimensión práctica y mística.
Y digo esto último, no en un sentido elevado, sino
en su acepción más simple.
Vuelvo al hotel con las gotas y las dejo en la enorme bolsa de farmacia que llevo siempre: cremas para los pies, remedios, espuma de afeitar...
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