Acá no habrá milagros
ni dulces desparramados por los colchones
de una infancia feliz y tierna, y decididamente sólida,
ni habrá fantásticos dramas perpetuos que degenerarán
en un sin fin de escenas, cada cual más tétrica.
Es decir, acá habrá vida. Altas y bajas,
y acá se matizará todo, y de esa manera los caballos correrán
hacia el agua y se bañarán en la dulzura de un agua
salada que después les hará arder los lomos
y relinchar de placer y de odio, y en esa intensidad
todos nos iremos a dormir, a veces intranquilos,
pensando en un mañana que podría ser mejor o peor,
y conscientes de que lo mismo ocurre con el presente,
que entonces trataremos de mejorar con nuestra habitual humildad,
surgida de nuestra experiencia, que a esta altura más bien nos permite
callar y escuchar un poco más,
para no concluir nada, sino solo observar, a la espera,
ya no de una iluminación, sino de un poco más
de aire fresco y placentero
que nos permita estar mejor con nosotros mismos.
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viernes, 10 de marzo de 2017
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