El poder último y primordial no está detenido en nosotros,
ni en lo divino, sino en nuestra capacidad de convertir
el terreno en un elemento versátil capaz de permitirnos moldear
las dinámicas que transitan esos espacios a los que vivimos expuestos
por obra y gracia de un tiempo que nos admira pero no nos comprende,
porque la única comprensión está en un lugar lejano
al que debemos ir, una y otra vez, sin una palpable continuidad
y sin resultado definitivo.
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lunes, 10 de septiembre de 2018
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Villa Berna
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