Unas torres fantásticas, altas, pulcras, mudas, en el medio de la noche, en el centro de una quietud inusual, en el punto exacto en que las estrellas se dejan ver, la perra a mi lado se detiene (la estoy paseando algo desganado), me mira, y ella también mira hacia el cielo imitándome.
No sé si muchas de las cosas que supongo son producto de mi imaginación o si mi intuición es lo suficientemente importante como para crear lazos entre las cosas al punto que la realidad puede revelarme una dimensión que estaría detrás de ella (y que sería mucho más real que las vivencias habituales que uno tiene).
Quiero decir: qué tal si detrás de las escenas estuviese lo sustancial, un punto equidistante, una dimensión divina que no tiene un sentido específico sino que aguarda nuestro contacto para ver qué hacemos.
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