Un hacer en donde las coordenadas del camino las diera simplemente el sentimiento. Quiero decir, el hacer para uno. Los pasos así se aglutinan con un mayor énfasis, con un mayor sosiego, siguen hasta hacer un lujo, sabio y querido, proclive a los juegos, libre, refinado, y rústico también a veces.
Un espacio luminoso en la medida que está en uno y puede permanecer en ese lugar, ajeno a los resultados -cosa difícil-, y ajeno a los dictados o mandatos instituidos para armar sistemas de dominación que nada tienen -en cuanto a poder- en comparación con este lujo del que hablo, y que sin embargo debe deslizarse a través de esos complejos sistemas que confieren un alimento práctico y específico.
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domingo, 9 de febrero de 2020
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