Volver al sol para después conseguir un montón
de frutos listos para un tiempo calmo y soberano.
El paraíso pintado por quienes más sabían pintar.
El renacimiento perfecto.
Quiero decir: un lugar en la playa lo suficientemente feliz
como para que los bañistas lo gocen desde el inicio del día.
Un mantel bien puesto en la mesa. O un cuadro,
volviendo al inicio, que tenga el efecto deseado por el artista.
Eso no es fácil y por muchos motivos. El principal: no existe
una perfección clara y definida más que en la mente.
Segundo, las cosas que estimamos perfectas tienden
a sucederse en un tiempo que cambia al punto
que los efectos se distienden o magnifican de acuerdo
a un punto fulminante de energía que no siempre
funciona del mismo modo.
Las épocas crean sus propios criterios,
y las épocas subsiguientes los cambian.
Todo eso nos da la pauta de que no existe
un discurso capaz de abarcar un modo, una forma,
un lugar de paz y perfección fuera de nuestros corazones
que también son lábiles y dependen casi totalmente
de un mundo que excede los criterios
con los cuales lo enfrentamos.
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viernes, 7 de febrero de 2020
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