Creo que ya estoy más cerca de agradecer, de forma muy profunda, mi insignificancia. A partir de ahí no debería tener que decir más nada, ni perfeccionar más nada, ni tratar de solucionar demasiado más nada. Será como estar en el campo y esperar que las liebres, despreocupadas, se crucen frente a mi cuerpo erguido.
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sábado, 19 de diciembre de 2020
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