En una estación
de servicio abandonada,
con el auto apagado,
después del anochecer,
escuchabas el ruido
de la ruta,
y cuando abrías los ojos,
te acompañaban,
como soldados custodios
de la gran muralla,
unos plumerillos
inmóviles.
Día último de playa. Decido ir al mar no obstante son las tres de la tarde. El calor es abrasador. Me bajo del auto y subo el médano. La ar...
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