¡Oh! No sabía qué era la felicidad,
pero ahora lo sé, así que vuelvo a ese tiempo
para llevarlo al altar más sagrado
donde lo dejo por siempre.
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
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