Al despertar, para serenarte,
cerraste los ojos. Esperabas
una señal, pero no había
nada en la oscuridad.
Esa luz tan deseada nunca llegó.
Salimos cerca del mediodía. Esta vez, por suerte, no me despertaron los hombres de la casa vecina de atrás (los que estaban cortando baldos...
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