Paramos en un lugar del campo,
del inmenso campo y, al bajar del auto,
ahí estaban ellas, las estrellas,
miles de millones, arriba, en el cielo,
increíbles, fulgurantes,
lejanas y sin embargo ciertas;
Me las podía imaginar
como plenas de energía.
También ellas algún día les tocaría
morir y mientras tanto, supongo,
también tendrían que entender
el sentido de sus brillos,
la forma en que se iluminan
unas con otras y cosas así
que, de algún modo, nos tocan
también a nosotros, acá, abajo.
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