Me levanto y miro por los ventanales del living. Sobre un edificio antiguo y mudo pasa un avión; cruza una estrella esplendorosa, avanza y gira hacia el río. Me pregunto qué hora es mientras veo a dos trabajadores llegar al supermercado, a media cuadra, en una calle que baja. Después, miro hacia la estación de trenes y unos edificios lejanos. Lo mejor sería meditar, pienso, y busco el negro. Como siempre, necesito detener los pensamientos. Darle un fin a esa masa que se agita como un cardumen en mi cabeza. Van y vienen por la pecera de un acuario, nerviosos, en conjunto. Algunos son grises, otros fosforescentes. Todos delicados, inquietos. Diría que, con suerte, solo la oscuridad los calma. Apaga todo. Reina el silencio. Y eso ocurre, al fin. Un gran silencio desciende sobre mi cuerpo, y entonces llega el negro a mis ojos. Un color que no se conmueve con nada. Permanece incólume. Seguro de que podría reinar por siempre.
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martes, 20 de mayo de 2025
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Mis orígenes
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