Quiero volver ahora a lo que hice después de hablar en los tribunales con esa joven bastante hermosa. Le escribí a mi padre, quien me dijo que estaba almorzando en el lugar al que concurre últimamente: un restaurante de bastante mal gusto, porque lo veo pretensioso, incluso estándar en sus pretensiones, donde se propone una decoración asociada a un lujo que nunca aparece y que emula todo lo que supone ser refinado, con un resultado claramente contrario al pretendido.
En ese lugar, por lo que he visto, mi padre ocupa siempre una mesa y se sienta, extrañamente, mirando hacia el mostrador y la cocina, en vez de hacerlo hacia la calle, como yo haría.
Ahí lo encontré, a la espera de unos ravioles con carne que, en su conjunto, parecían de lo más pesados, y con una copa de vino a su izquierda, en un horario bastante temprano para sus costumbres. Pero ese día todo estaba alterado por la obligación que había asumido de concurrir a ver a un juez de un tribunal superior, dado que yo no había querido ir por varias razones.
La principal, toca decirlo, fue el miedo. Ese tribunal tiene un ambiente opresivo, con funcionarios afectos a los modos parcos y poco empáticos. Para colmo, está el recuerdo de una experiencia bastante desagradable, vinculada a una vez en que, frente a un empleado en una mesa de entradas, proferí un insulto al aire —muy justificado— hacia una secretaria de un tribunal. Uno inferior, pero del mismo fuero. Luego me enteré de que eso motivó la realización de un acta judicial y el consiguiente apercibimiento por parte del juez, sin que se me ofreciera derecho a defensa.
Solo gracias a muchas gestiones y presentaciones pude revertir la situación. Fue un logro que todavía me produce orgullo, y que —en otra oportunidad, prometo— voy a relatar en detalle.
Archivo del blog
sábado, 31 de mayo de 2025
Mis razones
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Día gris de calor
Un día de sol con falta de aire y también una canción que se repite. Van a despertar del sueño, dice la letra. Sale de un bar la música. Esa...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Cuando te adentraste en el agua helada de la orilla para sentir las pequeñas olas, mirando el horizonte, pensaste que si cambiaras tus cre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario