Doce y cuarenta de la mañana. Se escucha la fuente abajo. Agradezco eso. La noche es fría. El piso más alto de un rascacielos art déco, a lo lejos, desde hace más de veinte años permanece con su último piso iluminado. Tres ventanas a la derecha siempre encendidas que me brindan cierta tranquilidad. Ya es una costumbre verlas así. Y a la vez funcionan como un faro. Hay alguien que prefiere dejar señales para conjurar ciertos miedos. Y su esfuerzo se vierte en otros.
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viernes, 25 de julio de 2025
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