Entro a una catedral algo pesada, con retratos de hombres —obispos, cardenales— que consagraron su vida a ordenar a los hombres según ciertos intereses, en este caso previsibles. Ya en lo alto, una puerta abre a una terraza donde descubro, más allá de la ciudad, la vista del río y del mar cuando se encuentran. Y capto la paz del mundo, la de Dios, supongo.
Archivo del blog
sábado, 26 de julio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Mujer en el avión
Antes de subir a la avión noto la presencia de una mujer joven, rubia, con expresión lánguida. Me pareció que tenía cara como de muñeca. L...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Cuando te adentraste en el agua helada de la orilla para sentir las pequeñas olas, mirando el horizonte, pensaste que si cambiaras tus cre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario