Tengo en mi casa una escultura de mármol gris, hecha con mis propias manos durante seis años. Cada tanto vuelvo a pulirla, como quien moldea un cuerpo que ha emergido. Pero no es un cuerpo: es algo abstracto, la idea de un cuerpo. Una forma que representa la sensualidad de un movimiento que pide al espectador que lo complete.
Archivo del blog
miércoles, 24 de septiembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Historias de Tokio
Se han calmado los ruidos. Sopla el viento. Veo las nubes entre los árboles. Abajo está la pileta. A pocos kilómetros —tres o cuatro tal vez...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario