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domingo, 5 de julio de 2026

Nuevo aire

 Viernes. Un día insulso porque no emprendí el camino al club junto al río para, después de trotar, quedarme un rato mirando el agua. Pero quería estar tranquilo porque la ida a la cancha del día anterior, el regreso tardío, la larga caminata y el esfuerzo de manejar por la autopista me dejaron cansado.

Así que fue un viernes típico, aunque soleado y de temperatura agradable. Pasé la mañana trabajando un poco, haciendo algunos ejercicios mínimos sobre una colchoneta y desayunando tarde con mi hija. A la una y media, antes de salir, organicé el almuerzo a la señora que limpia la casa y, ya cerca de la oficina, me encontré primero con un joven que trabaja en el Palacio de Tribunales y, dos cuadras después, con otro hombre, menos joven, que trabaja en la misma dependencia. Los dos llevaban traje, como rescatados de un mundo perdido. Me llamó la atención la casualidad de encontrarme a ambos en distintos lugares de mi trayecto.

En la oficina tuve varias reuniones y luego hablé con mi padre sobre la posible compra de la parte del inmueble que pertenece a mi tío y a su socio. El problema es que mi piso, el cuarto, es el único que tiene en el frente una sola ventana que llega hasta el suelo. Las otras dos son más pequeñas. El edificio, de estilo francés y declarado patrimonio histórico, no repite exactamente su estructura en cada nivel.

La otra posibilidad es el tercer piso, que está a la venta y sí tiene grandes ventanales en todos los ambientes, balcones franceses y, además, perteneció hace más de cincuenta años a mi abuelo materno, pero me da una enorme pereza mudar toda la oficina apenas un piso más abajo porque, después de tantos años de esfuerzo, el cuarto piso se ha convertido en un lugar al que llega gente todos los días. Las personas firman poderes. Inician juicios. Sin embargo, este viernes, como otras veces, solo lo disfruté a las cuatro y media, cuando por fin me quedé solo.

sábado, 4 de julio de 2026

Avizorar

Del enorme edificio llamado el "Palacio de Tribunales", por una puerta lateral, entre nervioso y envalentonado, sale un Ministro de la Corte Suprema rumbo a mi club -de donde también es socio por lo que he visto alguna vez-. Unos pasos detrás, camina rápido también un custodio. Yo lo sigo a cierta distancia porque también voy hacia el club a nadar. Esa pileta cerrada no me gusta, pero cumple una función útil. Lo mismo mi oficina ubicada enfrente del "Palacio de Tribunales". No sé qué haría de mi vida si no necesitase de una función útil de ese tipo. Supongo que lo que se conoce como "arte", pero desprendido de un fin comercial y suplantado por un propósito placentero -lleno de libertad- que no logro incorporar. 

Villa Berna

 Nos levantamos después de dormir bastante. Las margaritas, la multiplicidad de plantas y de árboles, me calman. Mientras desayunamos cerca ...