Llueve. Al fin. Días de calor, sobre el fin del invierno, pero ya se acaban. Las gotas caen en el techo y generan un rumor. Me dan placer y lo mismo los truenos y los pájaros exaltados.
Más temprano pude tenderme en el piso boca arriba. Miré mucho tiempo el techo, las vigas, las maderas que cruzan de un lado al otro y, sobre todo, determinadas manchas. Me concentré después en sentir mi cuerpo. Notaba un desequilibrio entre el lado derecho y el izquierdo. Lo percibo desde que tengo uso de razón. Una desproporción entre un lado y el otro que me genera una incomodidad general en el cuerpo.
Traté de equilibrarla imaginándome una luz que nacía de mi entrecejo e iba por mi cráneo y luego por mi columna vertebral. Algo se movió en mi cadera. Una pierna se estiró apenas y la otra corrigió su postura.
Vi entonces más allá del techo. La Virgen estaba en los cielos. Una Virgen imaginada por mí, por supuesto, una Virgen que preciso, una protección que pido.
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viernes, 2 de octubre de 2026
Más allá del techo
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Más allá del techo
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