El departamento donde estamos tiene tres habitaciones y tres baños, una sala de estar grande con cocina abierta, un balcón terraza que mira a un espacio común con árboles -muchos- que reciben la visita de distintos tipos de pájaros e interpretan un espacio selvático con piedritas blancas por donde andan lagartijas de distintos tamaños -algunas casi inverosímiles-, una pileta que va en distintas direcciones y en donde todavía no me he puesto a nadar. Obviamente el riesgo de ese espacio son los ruidos que pueden hacer los habitantes de los otros departamentos. Mi cuarto no mira a ese gran pulmón, sino a un costado, a otro espacio que también simula la selva, y en la ventana que tengo a la izquierda de mi cama sí está el espacio de selva propiamente dicho. Todo el departamento está pintado en un tono beige acertado. El mismo color, con variaciones mínimas, tienen los pisos y el mobiliario. Nunca había imaginado que tanta monotonía cromática pudiese darme tanta tranquilidad.
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lunes, 29 de diciembre de 2025
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