Vamos a la playa que nos sugirió Raúl, el hombre que nos trajo desde el aeropuerto de Cancún a Tulum. Cuatro kilómetros y medio después del arco maya fueron sus indicaciones. El problema es que llegar hasta el arco maya requiere transitar por una calle mano y contramano, en mal estado, con autos y camiones estacionados en doble fila, por donde se suceden negocios a la moda, restaurantes y hoteles boutique. Proliferan palmeras y árboles a los costados. Miro, pero no se ve el mar. Cuando llegamos al arco maya un joven nos detiene para exigirnos pagar el ingreso, que es elevado. Se debe afrontar con tarjeta, nos explica. Me obligan a anotar mis datos en un libro. Recorremos un camino de tierra con grandes pozos, sin ver el mar debido a la vegetación y a las tapias que ponen en las propiedades. Cuatro kilómetros y medio y llegamos a la playa. Es reducido el espacio para estacionar. La arena tiene cantidades de objetos de plástico deseminados. Están mezclados con el sargazo seco. Más allá, están los verdes, turquesas y azules del mar. Miro el horizonte con los plásticos a mis pies.
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martes, 30 de diciembre de 2025
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