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lunes, 8 de diciembre de 2025

El tercero

Salgo del turno con la osteópata. Un cordón policial pronto me impide pasar. A lo lejos, varios patrulleros; tomo en dirección a una panadería que está a media cuadra. 

En esa panadería la vez anterior compré unas porciones de fainá. Pero no tienen más, me dicen. Elijo unos sandwiches, cuatro chipás, empanadas y porciones de torta. Me voy cargado; pido dos bolsas. Una para cada brazo. Mejor balancear el peso, explico. Hablan de un delincuente abatido a una cuadra. La víctima: un hombre que venía de una financiera con dólares. Dos personas en una moto lo abordaron y uno de ellos terminó muerto. No hay entusiasmo ni pesar en el tono de las vendedoras frente a una clienta del barrio. El evento ya está en las noticias, agrega otra vendedora. Para salir de ese clima, no pierdo el humor. Frente a la compra de tantos productos, pregunto si voy a tener que sacar una hipoteca para pagar lo que llevo. La vendedora sonríe. No obstante, agrego unas galletas. Pago y sigo mi viaje. 

Doblo a la izquierda. Paso por la puerta de un gimnasio. Detrás de grandes ventanales la gente hace ejercicio. Gallinas dentro de una jaula. Deberían parecerme hámsteres, pero me parecen más bien gallinas. Escucho un padre en algún lado que le dice a un hijo o hija: "No más el tete", en voz alta, alargando las sílabas de la última palabra. A fuerza de repeticiones logra un canto. No logro divisar dónde se encuentra el padre. Tomo a la izquierda hasta las vías. A media cuadra, una camioneta en la entrada de una casa me impide el paso por la vereda. Uno de los dos hombres, junto al vehículo, me pide disculpas. No es nada, digo. A mi derecha, plantas con flores. Rosas, lavandas. Un cartel puesto por un vecino dice: Jardines de O Higgins. Rosas en una ciudad en donde los espacios públicos sufren hurtos. Milagro. Cruzo la vía por debajo de un paso a nivel. Los edificios en el barrio ahora se repiten. Muchos reemplazaron a las casas. Pero algunas subsisten. Me fijo en dos de ellas aprisionadas junto a los edificios. Me decido a tomar una limonada. Elijo un lugar cerca de donde tengo estacionado el auto. Dos jóvenes en la mesa cercana hablan de un tercero en discordia. La mujer le explica que siente una atracción por ese joven y que no sabe qué hacer. El otro es su pareja. No termina de ser clara su intención. ¿Quiere una autorización para tener relaciones con ese tercero? No logro escuchar bien a la distancia. El joven, aunque alterado, guarda cierta compostura. ¿Se está tomando las cosas con cierta filosofía? ¿O en su interior algo arde, pide estallar? La expresión de su cara me da la impresión sí, algo en él arde.

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