Me subo al auto. Antes, pago una suma que considero excesiva por el estacionamiento. Le pregunto al chico que atiende cuanto sale la hora. Hago cálculos. Es correcto el importe. Pero mi auto no está a la vista. ¿Ha sido robado? No puedo tener tan mala suerte un día tan bueno, pienso. Luego aparece detrás de una camioneta, justo en el lugar donde pensaba que no podía caber otro vehículo. Me subo y salgo. Antes, dejo pasar a una persona que camina mirando el celular. Doblo y sigo hasta un semáforo donde tomo mi celular y pongo "Casa" en el Waze. No quiero ver los mensajes arriba en la pantalla. A un lado, veo una casa de los años cincuenta con detalles en piedra; la imagino por dentro. Luego paso por las inmediaciones de un estadio y por la autopista busco el carril izquierdo hasta el límite de velocidad. Cien. A mi izquierda, tengo el aeropuerto. Miro la pista, un avión, dos. Intento divisar algo del río; casi al final de la pista me convoca un cartel. Una joven sonriente, atractiva que muestra la parte de arriba de un bikini. Pero los cuerpos han perdido su capacidad de alterarme. Esas potencias inverosímiles ahora me son lejanas. El tráfico fluye por la autopista; doblo hacia mi casa y dejo el auto. Me gusta saludar al hombre que trabaja de acomodarlos.
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sábado, 13 de diciembre de 2025
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Mis orígenes
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