Casi es el fin de la tarde. Un águila se precipita en el mar. La veo justo cuando se lanza cerca de la orilla para agarrar un pez con el pico. Lo logra, pero queda sin poder volar durante un buen rato, cerca de la orilla, porque tiene las plumas mojadas. Unos turistas —americanos— se acercan a tomarle fotos a pocos metros de distancia. Al fin, de a poco, el ave se deja llevar por las olas y logra salir del agua. Se ubica en la arena, rodeada de esos turistas americanos que insisten con las cámaras de sus celulares. Deja el pez en el suelo, que todavía se retuerce, extiende las alas para secarse y pronto vuelve a tomar el pez y sigue viaje.
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sábado, 3 de enero de 2026
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