Se iba el sol atrás de unas palmeras. Lo veía desde el mar, tibio, con sargazo en algunas partes. Las olas se formaron con más altura, pero lo mismo eran bajas. Salí del agua. Mi mujer y mi hijo estaban sentados uno junto al otro bajo la sombrilla de pajas. Miraban el mar. Los saludé a la distancia, sobre las rocas. Pasó una bandada de pelícanos arriba nuestro. Los miré arriba de mi cabeza y tuve una alegría mayor a la esperada. Todo tendía al ruido del mar. No quedaba nadie en la playa. Les había pedido a ellos quedarnos a esperar que saliera la primera estrella. Y allí estaban ambos, sentados, contemplando el mar, en silencio.
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miércoles, 7 de enero de 2026
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