Ida al supermercado. En la sección de carnes, una mujer con un vestido blanco ajustado, zapatos rojos. Es joven, tiene los rasgos propios de una actriz francesa. La escucho hablar —está con otro joven—: efectivamente, habla en francés. La miro y me mira. Es un segundo. Luego tomo distancia. No puedo evitarlo: la vuelvo a mirar. Demasiado joven, pienso, algo en ella ya no me convoca. Antes sí, ahora ya no. Es como un maniquí en una vidriera. Sigo con mi carro. Sin embargo, su imagen, a lo lejos, me trae cierta felicidad.
Archivo del blog
lunes, 12 de enero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Tulum zona arqueológica
Primero fuimos hasta el lugar donde estacionamos siempre. No había nadie franqueando la entrada y exigiendo un pago. Domingo, pensé. Estaci...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario