Vamos por la playa llamada de los pescadores. Caminamos por la orilla pasando por encima de las sogas que tienen las lanchas amarradas a la playa. Una a una, tengo que levantar mis piernas por encima de esas sogas. Un hombre, y luego otro, nos ofrecen un tour para ir a bucear o pescar en las lanchas. Como siempre, la figura de ciertas mujeres me convoca. Una, de mi edad, con un cuerpo tonificado, me sorprende. Cuando llegamos al fin de la playa, subimos por una escalera hacia la zona arqueológica. Algunas personas bajan, otras suben. Una vez arriba, el mar. Manchas turquesas y espacios más oscuros. Lugar soñado colonizado. Seguimos por la parte más alta. Me distrae, entre la cantidad de personas, el hecho de que haya un joven muy flaco, con un pierna tullida. Camina con dificultad un poco más rezagado de su familia. No me animo a pasarlo; el sendero es estrecho y no lo quiero incomodar. Cuando el camino se ensancha, lo paso.
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viernes, 16 de enero de 2026
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