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lunes, 2 de febrero de 2026

Michael, el gato

 Ida a desayunar al café de los gatos. Mi hija, encantada. Al entrar, el problema de la otra vez: el volumen de la música. Le pido a una moza que por favor la baje un poco. Tantito, me responde, y no lo hace. Nos mudamos de mesa. Al vernos, la moza de la vez pasada se acerca. Me pregunta por mi hijo. Se volvió a Argentina, le digo. Es más amable e incluso se ofrece a bajar la música.

Un gato se sube a mi falda en busca de comida. Pronto, aparece un mozo a traernos el café. Nos pregunta de dónde somos. Él es de la Ciudad de México, nos cuenta. Se acaba de recibir de licenciado en Relaciones Internacionales. Nos recomienda varios lugares de la costa del Pacífico. Nos habla de Oaxaca, de Huatulco y de otros sitios. Es algo infantil y educado. Despierta en mí una ternura inesperada. Lo veo demasiado puro y eso me conmueve. En ese punto de la charla el gato vuelve a subir encima mío. Se llama Michael, me informa el mozo. Gris, con un aire de astucia superior a la media de los gatos.

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