Me bajo del auto en la estación de servicio ubicada en el kilometro ochenta y tres de la ruta 2. Cargo nafta. En el auto están mis hijos, mi pareja. El hombre que me atiende -sesenta años, reposado, y que supongo amante de la buena comida, me limpia los vidrios del auto. Luego, me da una moneda para usar el medidor de aire. Se lo agradezco. Mido el aire de mis neumáticos y miro al otro lado de la ruta, justo donde hay unos eucaliptos. Apenas se mueven. Cae la tarde del fin de un verano. La temperatura es ideal. Cantan los pájaros. El mundo se aquieta por un instante.
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jueves, 9 de abril de 2026
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