Cinco y media volví a mi casa luego de dejar a mi padre en la suya. Terminé con algunos mensajes un tanto tensos de trabajo -roces con una abogada que trabaja conmigo- y me fui al taller con mi cabeza todavía a mil por los mensajes de ese celular. En el taller por momentos me pude meter con los colores y darle distancia a los objetos arcaicos que pinto y que no sé de dónde salen ni qué quiere decir -porque no logro estructurar mi lenguaje técnico-. Es que no tengo ninguna gana de ceder más a las estructuras; ya estoy maniatado por ellas en los demás aspectos de mi vida. ¿Cómo podría entonces avanzar? No lo sé.
Por ese mismo motivo no sé cómo soltar esas estructuras que tengo y que dieron pie a que lleve adelante tantos expedientes. Miles tramitando dentro de ese palacio de Tribunales donde un pluma -pequeña, blanca- se suspende por esos pasillos de esos tribunales en busca de una ventana o puerta.
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