El escritor tiene como meta
decir y ser escuchado, cosa
absurda y pretensiosa si las hay.
El guardaparque debe cuidar
y cuidarnos; por eso sus días
son ajetreados, pero al menos
al final de la tarde el oficio
vale la pena.
El santo tiene como misión
volverse un ejemplo y
como sus días son aciagos
sus dudas crecen.
La puta debe entregarse por dinero,
sus días son extraños y es mucho
lo que debe escuchar.
El número uno tiene que reinar
sin conceder de más, y así cada cual.
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