El secreto de la venta es la alta tolerancia al no,
decía Esteban, nuestro jefe. Le gustaba comer albóndigas,
los bocks de cerveza, estar mucho en la vereda, atento
a las chicas, y piropearlas, sentado al sol, fumando.
El tipo, ahora me doy cuenta, era de los incontables
que viven como hay que vivir: al margen de la historia,
alejado de toda noción especulativa de lo trascendente,
Esteban Mario Crocco, cómo me gustaría que lo conocieran,
un regalo que por ahí te presenta la inexplicable realidad.
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