Si le podemos ganar al azar, es decir:
si podemos superar la ley de la probabilidad
-que me digan en cien mil casos en quién pienso
si en Juan o en Pedro y el resultado no sea
un cincuenta por ciento-, quiere decir que
la racionalidad no es un camino para
medir la realidad. Y también quiere decir
que esa cuota de irracionalidad,
en una cantidad de tiempo, se transformará
en algo racional (porque tendremos una
explicación lógica del fenómeno). De manera
que el límite se correrá como se corrió
tantas veces y sin embargo subsistirá
la duda que sostiene nuestra noción
de vida: ¿existe la ley o existe el azar?
Un pez es comido por un cocodrilo
mientras lo filma un hombre soñado por otro.
De ninguno sabemos bien qué siente,
nuestra noción es una gota en el agua
donde empezó la imagen absolutamente
inventada.
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