Les cuento lo que hay en mi cuarto: una vela
ilumina negras caderonas y tetonas con pinta
de putas según lo que nosotros entendemos
por putas. Más abajo, hombres altos y con cara
de depravados -la que le atribuimos a los turcos-
sonríen y muestran sus buenas pijas felices.
Y todavía más abajo, en el piso de mosaico,
como buenos compañeros de esos turcos, duermen
perros sacrificados y fieles según el concepto
que creemos universal y propio de los perros.
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viernes, 30 de septiembre de 2011
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