Un dios mira un montón de seres que van y vienen y a veces se chocan, y otras veces disfrutan las alegrías de esos impactos. Y otras viven desgracias indecibles. Aunque hay un consuelo: son rutilantes ciertos encuentros que a veces, con el tiempo, se convierten en feos y son maldecidos por los que experimentan los impredecibles hechos. Bueno, el caso es que el dios que mira desde el cielo a veces se cansa de mirar, y vive también él una serie de impactos que a veces le resultan benévolos y otras funestos, y lo dejan pensativo, y obsesionado con cosas que a los de abajo también le generan dudas.
Pero lo más extraño es que ese dios también es mirado por otro dios que más arriba, en otro cielo, repite el espectáculo que experimentan los de más abajo. Y así sigue todo en incontables planos que nadie sospecha ni dimensiona. Y en un tiempo y espacio que es incomprensible. Y hay más, pero tal vez nunca sabremos qué es.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Michael, el gato
Ida a desayunar al café de los gatos. Mi hija, encantada. Al entrar, el problema de la otra vez: el volumen de la música. Le pido a una moz...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario