Los cactus suben por las montañas
para establecerse como vigías
de un río que pasa por lo bajo
muy pocas veces con agua.
Son los grandes pájaros
y los pumas que no se ven nunca
los que le otorgan incluso más encanto
al espacio que, cuando uno mira para arriba,
encuentra celeste, de un celeste tan intenso
que pareciera que el aire entra más
en los pulmones de todo y de todos.
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