El azar no implora, establece.
Las ruinas donde permanecen
nuestras voces a la espera
de una emancipación
que cuesta mucho esfuerzo.
Es que las palabras sueltas
no incurren en contradicciones;
son las frases las que ocupan
el espacio que nuestra mente debiera
reservarse para dotar al día
de un vislumbrar; de una ola
que pase una y otra vez
sobre nuestra posibilidad de decir.
Y todo, solo para establecer
que los fragmentos de eso
que no podemos aprehender y llamamos alma
está dotado de un sinfín de capas
que permanecen heladas
a las espera de ser derretidas.
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martes, 24 de febrero de 2015
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